<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><?xml-stylesheet type='text/xsl' href='http://elenigmadedido.spaces.live.com/mmm2008-07-24_12.50/rsspretty.aspx?rssquery=en-US;http%3a%2f%2felenigmadedido.spaces.live.com%2fcategory%2fEL%2bENIGMA%2b1%c2%aa%2bPARTE%2b_%2bLA%2bBUSCA%2ffeed.rss' version='1.0'?><rss version="2.0" xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/" xmlns:msn="http://schemas.microsoft.com/msn/spaces/2005/rss" xmlns:live="http://schemas.microsoft.com/live/spaces/2006/rss" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:cf="http://www.microsoft.com/schemas/rss/core/2005" xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"><channel><title>El Enigma de Dido: EL ENIGMA 1ª PARTE _ LA BUSCA</title><description /><link>http://elenigmadedido.spaces.live.com/?_c11_BlogPart_BlogPart=blogview&amp;_c=BlogPart&amp;partqs=catEL%2bENIGMA%2b1%25C2%25AA%2bPARTE%2b_%2bLA%2bBUSCA</link><language>en-US</language><pubDate>Thu, 07 Aug 2008 21:20:04 GMT</pubDate><lastBuildDate>Thu, 07 Aug 2008 21:20:04 GMT</lastBuildDate><generator>Microsoft Spaces v1.1</generator><docs>http://www.rssboard.org/rss-specification</docs><ttl>60</ttl><cf:parentRSS>http://elenigmadedido.spaces.live.com/blog/feed.rss</cf:parentRSS><live:type>blogcategory</live:type><live:identity><live:id>-8627798338998550476</live:id><live:alias>elenigmadedido</live:alias></live:identity><cf:listinfo><cf:group ns="http://schemas.microsoft.com/live/spaces/2006/rss" element="typelabel" label="Type" /><cf:group ns="http://schemas.microsoft.com/live/spaces/2006/rss" element="tag" label="Tag" /><cf:group element="category" label="Category" /><cf:sort element="pubDate" label="Date" data-type="date" default="true" /><cf:sort element="title" label="Title" data-type="string" /><cf:sort ns="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/" element="comments" label="Comments" data-type="number" /></cf:listinfo><item><title>CAPÍTULO XI</title><link>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!121.entry</link><description>&lt;div&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;El Chico y El Jugador pasaron el día escondidos en una de las oxidadas estructuras. Estas estaban parcialmente ladeadas, ya que su base no era plana. El interior estaba formado por pequeños cubículos; los corredores eran estrechos y algunas escaleras estaban tan deterioradas que con solo poner el pie en los escalones, estos desaparecían, convertidos en polvo.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Pasaron el día sin moverse demasiado, sin hablar apenas, observando el exterior. Nadie salió ni entró por donde suponían que estaba la guarida de los merodeadores. Después del mediodía, El Jugador decidió poner en práctica su plan: buscaría el lugar por donde desapareció El Buscador e intentaría rescatarlo. En su plan, el niño debería permanecer oculto entre los amasijos de hierro. Él le suplicó que lo llevara con él. “¡No puedes dejarme solo aquí! ¡Me encontrarán y no podré defenderme!”, lloriqueó. Evaluando los pros y los contras, el sentido común le decía que debía ir solo, pero finalmente no se atrevió a dejar al chico solo. &lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;“Yo entraré primero. Si me capturan, vuelve aquí corriendo, escóndete y viaja durante el día. Ahora sé que sólo salen de noche. Busca un buen escondite para pasar las noches y viaja siempre de día”. El Jugador le hablaba seriamente, mirándole a la cara de frente, mientras le sujetaba por los hombros. “¿Has entendido?” El pequeño asintió con la cabeza y articuló un imperceptible “Sí”.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Se dirigieron juntos a la trampa. Las huellas de la noche anterior aún eran visibles en el polvo. Arrodillándose en el suelo, buscaron a tientas hasta encontrar una ranura, una trampa de madera que El Jugador levantó sigilosamente. Sin pensarlo dos veces, se introdujo por ella, deseando que no hubiera nadie esperándole allí. Se agazapó en el suelo y esperó. Ningún ruido. Se incorporó y levantó la trampa nuevamente para dejar pasar al pequeño. Se quedaron quietos, escuchando. Cuando sus ojos se hubieron acostumbrado a la oscuridad, pudieron ver que se hallaban en una especie de sala circular, de la que partía un estrecho corredor. Se aventuraron por él, cogidos de la mano.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;No se escuchaba ningún rumor, ningún ruido. Ahora el corredor descendía suavemente, abriéndose cada pocos metros en pequeñas salas similares a la de la entrada y en las que se amontonaban todo tipo de cosas pertenecientes, sin duda, a incautos viajeros, pensó El Jugador.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Todo estaba extrañamente desierto y silencioso y eso no le gustó nada al Jugador. Había esperado encontrar algún tipo de resistencia. Ya suponía que no sería fácil arrancar de las garras de los merodeadores un botín tan preciado como El Buscador, joven y fuerte, y perfecto para venderlo como esclavo.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;El corredor bruscamente, llegó a su fin. Se dieron de bruces contra la pared.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;&amp;quot;¡Piensa, piensa! ¡Y deprisa!&amp;quot;, se decía El Jugador. “He debido pasar algo por alto. Habrá que recorrer de nuevo el túnel y buscar minuciosamente. ¡Ha de haber una salida!.” Temblaba pensando que en cualquier momento se les pudieran echar encima.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Le dijo al chico en voz muy baja que debían retroceder, buscando cualquier señal que indicase otro corredor u otra salida. Le recordó asimismo, que no debían hacer mucho ruido para no alertar a los habitantes de aquella especie de madriguera. Rastrearían paredes y suelo, a gatas si fuera preciso pues la escasa iluminación del corredor contribuía a hacerlos completamente ciegos a cualquier indicio.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;A tientas, fueron recorriendo palmo a palmo y en sentido contrario el corredor, conscientes de que el tiempo se les echaba encima. No podía saber qué hora era exactamente, pero calculaba que empezaba a anochecer. Se acercaba la hora peligrosa. Intentaba calmarse a sí mismo, para no contagiar el incipiente pánico que empezaba a apoderarse de él al chico. Pero también este era consciente de su peligrosa situación.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;¡Estaban atrapados!&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=-8627798338998550476&amp;page=RSS%3a+CAP%c3%8dTULO+XI&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=elenigmadedido.spaces.live.com&amp;amp;GT1=elenigmadedido"&gt;</description><comments>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!121.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!121.entry</guid><pubDate>Sun, 21 May 2006 09:41:40 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://elenigmadedido.spaces.live.com/blog/cns!8843E71F6A494034!121/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!121.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-08-05T07:20:52Z</dcterms:modified></item><item><title>CAPÍTULO X</title><link>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!120.entry</link><description>&lt;div&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Era de noche en la llanura. Una noche clara, de luna llena. Tres figuras avanzaban resueltamente, atravesándola. Enormes esqueletos herrumbrosos, proyectaban a veces sus sombras contra el suelo. No se acercaban mucho a ellos por temor a que fueran una trampa. &lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Ahora era El Buscador quien llevaba la delantera, indicando a sus compañeros el mejor camino a seguir. Escudriñaba el polvo en busca de huellas o de otros rastros que pudieran darle indicios acerca de otros viajeros o grupos que hubieran podido pasar antes que ellos por allí. Si algo le parecía sospechoso, hacía retroceder a sus compañeros por el mismo camino y procuraba, en la medida de los posible, borrar sus propias huellas.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;El Buscador se detuvo. Los rastros se habían vuelto confusos de repente. Había muchas huellas de pisadas que daban vueltas en círculos y que se pisaban unas a otras, varias veces, como si hubieran estado dando vueltas alrededor de algo o alguien. &lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Por precaución, el niño y El Jugador le seguían a unos metros de distancia, y se habían quedado medio escondidos entre el polvo y las sombras. Se levantó un viento frío y el niño se apretó contra El Jugador, que no lo rechazó, estremecido por el frío.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;El Buscador, que había permanecido agachado mientras examinaba las huellas, se incorporó y camino hacía el centro del círculo. Sin previo aviso, unas sombras surgieron del polvo envolviendo al Buscador y desapareciendo nuevamente entre el polvo, dejando estupefacto a El Jugador, que apenas si entendió lo que sus ojos acababan de ver. &lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;El polvo se fue asentando lentamente, dejando ver únicamente la noche clara, fría, de luna llena.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Los dos supervivientes permanecieron el resto de la noche agazapados, el uno contra el otro, sin moverse. El Jugador no era especialmente miedoso, pero la forma en que todo se había desarrollado, la rapidez con que todo había transcurrido, lo había dejado confuso y sin un plan de acción. Siendo jugador como era, veía claramente que esto cambiaba sus opciones: se le planteaba el dilema de si intentar un rescate, o presumir que El Buscador estaba muerto y continuar la marcha.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Su instinto de conservación le impulsaba a marcharse sin más, pero la mirada interrogadora del pequeño y un presentimiento que le roía sin cesar, le decían que aún había esperanzas de encontrarlo vivo. ¿Pero qué podía hacer él?&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Sus batallas las libraba en otro terreno y además, ¿qué ayuda podía prestarle un niño de seis años contra un grupo de adultos embrutecidos?&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;El alba tal vez trajera respuestas a estas preguntas y nuevas preguntas, también.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;&lt;span style="font-size:12pt;font-family:'Times New Roman'"&gt;&lt;br style="page-break-before:always" clear=all&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=-8627798338998550476&amp;page=RSS%3a+CAP%c3%8dTULO+X&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=elenigmadedido.spaces.live.com&amp;amp;GT1=elenigmadedido"&gt;</description><comments>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!120.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!120.entry</guid><pubDate>Sun, 14 May 2006 16:58:26 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://elenigmadedido.spaces.live.com/blog/cns!8843E71F6A494034!120/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!120.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-08-05T21:11:27Z</dcterms:modified></item><item><title>CAPÍTULO IX</title><link>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!119.entry</link><description>&lt;div&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt;&lt;font size=4&gt;&lt;strong&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/font&gt;&lt;font color="#000000"&gt;La llanura que se extendía desde el pie de las montañas hasta perderse en la línea del horizonte, formaba parte de lo que doscientos años antes se hubiera llamado “plataforma continental”. El cambio climático, la degradación y la erosión del terreno, habían contribuido a desecar y hacer retroceder la línea de la costa varios cientos de kilómetros. Aún podían verse, medio enterradas en el polvo, viejas estructuras cuya utilidad resultaba incomprensible para los habitantes actuales de la Tierra de la Desolación: ciclópeos muros compuestos de rocas talladas por la mano del hombre. Herrumbrosos esqueletos se desparramaban por doquier, tristes señales de un abandono inexorable. &lt;/font&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;El Buscador observaba con ojo experto aquello que se ofrecía a su vista. Comprobó que la llanura no era uniforme, que descendía en imperceptible pendiente a medida que se alejaba hacia el Este y que profundas quebradas la surcaban como las arrugas en la piel de los ancianos. Hasta donde su vista alcanzaba, registraba en su memoria todos aquellos accidentes que podrían servirles como refugio o que deberían evitar. No eran visibles, si los había, ningún grupo de merodeadores, pero aún así, habían decidido viajar de noche. Teniendo en cuenta el abrasador sol que les esperaba, era la mejor opción. Pero una noche de luna llena podría ser tan peligrosa como viajar a plena luz del día. Si quería alcanzar el éxito en su misión, debería ser precavido.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Continuaron el descenso por los últimos tramos de ladera. El Chico casi lamentaba dejar las montañas, pues le parecían más acogedoras y seguras. Aquella vasta extensión de tierra, le producía escalofríos. Y aunque los dos adultos intentaban convencerle de que en la montaña habían estado más expuestos a ser atacados, él no podía dejar de tener un extraño presentimiento (tenía miedo, pero intentaba disimularlo.) No quería convertirse nuevamente en el preciado bocado de otra panda de salvajes.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Sólo tenía seis años y pronto había tenido que valerse por sí mismo. No recordaba a su familia ni haber tenido algo llamado “hogar”. El Jugador decía que el hogar era un sitio donde uno se sentía seguro, donde vivían otras personas que se preocupaban por ti y te demostraban afecto. Él no recordaba un sitio así. Lo único que recordaba eran los duros días pasados recolectando objetos y restos, que luego cambiaría por comida u otros objetos; escondiéndose cuando veía aparecer a los merodeadores. Así, hasta que un día no pudo escapar a tiempo: uno de sus clientes habituales se dejó sobornar y permitió que fuese capturado.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;El Buscador lo llamó. Se había quedado un poquito rezagado, ensimismado en sus pensamientos, y ya le habían advertido que no debía separarse de ellos.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Se aproximaron a los viejos muros que no pudieron dejar de admirar, tan enormes y perfectos, preguntándose cuál habría sido su utilidad. Eran impresionantes los enormes bloques de piedra, tan perfectamente cincelados por la mano del hombre, con alguna técnica ahora desconocida. Fueran lo que fueran o para lo que sirvieran, habían perdurado durante cientos de años, aunque sólo para recordar a los pobladores de este mundo que, siglos atrás, se vivió de otra manera.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;El Buscador había contado viejas historias, de esas que se cuentan alrededor de un fuego en las noches frías y oscuras; historias que le habían sido contadas a su vez; historias que los Ancianos tenían por ciertas, por reveladoras, y que, finalmente, eran las que le habían empujado a iniciar la búsqueda de la clave que conduciría a la Humanidad a un mañana mejor.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=-8627798338998550476&amp;page=RSS%3a+CAP%c3%8dTULO+IX&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=elenigmadedido.spaces.live.com&amp;amp;GT1=elenigmadedido"&gt;</description><comments>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!119.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!119.entry</guid><pubDate>Sun, 07 May 2006 08:48:26 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://elenigmadedido.spaces.live.com/blog/cns!8843E71F6A494034!119/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!119.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-08-05T21:10:54Z</dcterms:modified></item><item><title>CAPÍTULO VIII</title><link>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!118.entry</link><description>&lt;div&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt;&lt;font size=4&gt;&lt;strong&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;span style="font:7pt 'Times New Roman'"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/font&gt;&lt;font color="#000000"&gt;A la mañana siguiente coronaron al fin el tortuoso puerto de montaña. El Buscador en su deambular no había estado jamás en medio de un paisaje tan sobrecogedor y hermoso. Numerosos&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;picos se repartían dondequiera que posase su mirada, y profundos valles se extendían a derecha e izquierda. La luz del sol era distinta, más tamizada, y el aire más azulado e incluso tenía un olor diferente. El Jugador explicó que se debía a la altura. El pequeño apenas prestó atención al paisaje y manifestó su cansancio preguntando si aún tendrían que caminar más ese día. Podrían descansar unos minutos pero luego deberían continuar su camino si querían llegar al siguiente refugio, concedió El Jugador.&lt;/font&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Aquel era el último collado y el descenso sería más rápido y vertiginoso. El camino se volvía&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;peligroso y deberían prestar atención dónde pisaban, sobre todo El Chico, al que el cansancio hacía resbalar una y otra vez. El Buscador intentó llevarlo de la mano, pero a veces se estrechaba tanto el sendero que no resultaba práctico. En ocasiones hubieron de destrepar por la roca en aquellos puntos en los que el camino desaparecía. Entonces el pequeño se subía a la espalda de El Buscador y pasándole las manos alrededor del cuello, se agarraba con todas sus fuerzas, mientras El Jugador, que había pasado el primero, les esperaba mas abajo atento a cualquier resbalón. Sin apenas ser conscientes, estaban trabajando juntos, persiguiendo un mismo objetivo: ayudar al niño en el descenso.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;El Buscador percibía un sutil cambio en el humor de El Jugador. Aún no sonreía pero, cuando le hablaba, ya no lo hacía con aquel tono duro y glacial con que se había dirigido a él los primeros días.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;“¿Qué crees que encontraremos cuando lleguemos al valle?” El Jugador se tomó unos segundos para pensar y con gesto dubitativo, contestó que no estaba muy seguro. “Hace mucho tiempo que pasé por aquí la última vez. Entonces, unos grupos nómadas habitaban aquellas llanuras que ves hacia el Este. Vivían de recolectar plantas y semillas y se desplazaban a medida que esquilmaban los campos”. De todas formas, no esperaba encontrárselos. Los grupos humanos no eran muy estables ni muy constantes en sus costumbres. Cualquier circunstancia, por pequeña que fuese, o cualquier encuentro con otros grupos, hostiles o pacíficos, podía alterar su itinerario o sus objetivos. La difícil y constante lucha por la supervivencia incluso podía modificar sus intenciones. Se sabía de grupos pacíficos que se habían vuelto hostiles ante la presencia de grupos más débiles y a los cuales, inevitablemente, habían exterminado para hacerse con las escasas pertenencias que aquellos desgraciados habían tenido la dudosa fortuna de poseer: mujeres jóvenes o niños, que eran especialmente apreciados por su indiscutible utilidad las unas, y su tierna carne, los otros. El Buscador hizo un gesto de repugnancia al oír el comentario y no pudo evitar volver su mirada hacia El Chico que, agotado, dormía en un rincón del pequeño abrigo que esa noche les serviría de refugio. “Hay otro peligro al que espero que no tengamos que enfrentarnos.” Aquella noche no había hoguera ni cena caliente y ambos hombres charlaban en la oscuridad, solamente salpicada por el tenue brillo de algunas estrellas. El Buscador, más acostumbrado que su compañero a disfrutar de ellas, apenas les prestaba atención. “Mientras viví en la ciudad en ruinas, prosiguió El Jugador, corrían rumores de que en esas llanuras se habían formado bandas de buscadores de esclavos. No sé si serán ciertas esas historias, pero aún así, deberemos tener cuidado. No me agradaría acabar en manos de esa gentuza”. Discutieron entonces de qué manera atravesarían la llanura. El Buscador no tenía un destino prefijado, por lo tanto le daba igual continuar hacia el Este en línea recta que dar un rodeo siguiendo las estribaciones de la cadena montañosa, aunque eso lo desviase en dirección Norte. Al Jugador, en cambio, no le daba igual. Existía un lugar al que él deseaba volver. Él sí tenía una meta, un destino. Algo que él llamaba “hogar”, un lugar junto a una gran extensión de agua, donde contó que había pasado sus primeros años antes de perder a su familia. Decidieron seguir las estribaciones mientras no se desviaran mucho de su camino, y luego, cuando se hiciera inevitable salir a campo abierto, decidirían si se desplazarían de noche o de día. El Buscador le recordó que él era un experto en camuflaje: podrían avanzar de noche y descansar durante el día en un refugio especialmente adaptado y siempre aprovechando la orografía y los materiales del entorno.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Las circunstancias de cada momento dictarían las decisiones a tomar.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=-8627798338998550476&amp;page=RSS%3a+CAP%c3%8dTULO+VIII&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=elenigmadedido.spaces.live.com&amp;amp;GT1=elenigmadedido"&gt;</description><comments>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!118.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!118.entry</guid><pubDate>Sat, 29 Apr 2006 09:04:20 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://elenigmadedido.spaces.live.com/blog/cns!8843E71F6A494034!118/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!118.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-08-05T21:10:22Z</dcterms:modified></item><item><title>CAPÍTULO VII</title><link>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!117.entry</link><description>&lt;div&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;“¿Qué buscas?”, le preguntó bruscamente El Jugador. El Chico hacía un rato que se había dormido, acurrucado entre los dos. “Un oráculo”, respondió. “Pero no sé cuándo ni dónde lo encontraré, ni bajo que forma se manifestará. Sólo sé que he de fiarme de mi instinto, dejarme guiar por él y al final del camino, lo hallaré. Al menos, eso dijeron los ancianos. He de hacerle una pregunta, la pregunta que salvará al mundo”. El Jugador mostró su incredulidad. Para él esas historias de escurridizos oráculos y misteriosas preguntas que salvan mundos, no eran más que cuentos para niños, y así lo expresó. “No me extraña que le caigas tan bien al chico, eres un gran embaucador.” Tanto peor para ti, pensó El Buscador. “¿No hay nada en lo que tú creas? ¿Una esperanza en un futuro mejor? Yo no quiero vivir siempre así, vagando sin descanso, sin hogar, comiendo roedores. ¡Me gustaría que El Chico creciera con su familia! Por cierto, ¿dónde está? ¿Le llevas con ella?” “No tiene a nadie.” “No es cierto, nos tiene a nosotros.” “Yo no soy su niñera, sólo lleva el mismo camino que yo.” “Entonces no tiene sentido que lo salvaras y lo trajeras contigo. ¿Dónde le dejarás si, como has dicho, no tiene familia?” “Encontraré a alguien.” &lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;El Jugador le dio la espalda manifestando así su deseo de no continuar la conversación. El Buscador estaba estupefacto. Le parecía que El Jugador pretendía ser una persona de corazón duro, sin embargo creía advertir que sólo era la corteza exterior, la defensa contra el dolor y la vulnerabilidad de los sentimientos humanos. Debía tener algunos años más que él y, ciertamente, una vida nada fácil a sus espaldas. Pero eso era moneda corriente en los tiempos que vivían. La mayoría había perdido a su familia a temprana edad y se había visto obligado a sobrevivir en condiciones muy duras. El ingenio se aguza y el corazón se endurece en semejantes condiciones, e incluso la crueldad puede llegar a tener cierta justificación. Sobre todo si se trata de proteger la propia vida. &lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;El Buscador intentó dormirse también. La situación no dejaba de ser un poco incómoda, pero más para El Jugador que para él mismo. Dejaría que los acontecimientos marcasen el día a día de sus relaciones con él. Al día siguiente con toda seguridad, dejarían atrás por fin el alto puerto de montaña y comenzarían a descender por el otro lado, hacia cotas más cálidas. No sabía qué aspecto tendría el paisaje, pero no sería muy diferente del que habían dejado atrás. Pensaba que pocas sorpresas le aguardaban en su vida. Y eso que había aceptado hacer un viaje a través de la Tierra de la Desolación que no estaría exento de aventuras, emociones y alguna que otra decepción. Sin olvidarse de los peligros que continuamente acechan en cualquier parte. Pero con el peligro ya estaba acostumbrado a convivir.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Arropó al chiquillo con el harapo que le servía de manta y cerró los ojos, intentando no darle más vueltas a la cabeza. La luz del alba traería como siempre la esperanza del nuevo día, como a él le gustaba pensar. En eso era más positivo que su arisco compañero de viaje.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;&lt;span style="font-size:12pt;font-family:'Times New Roman'"&gt;&lt;font color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;El Jugador no dormía en absoluto, pero se negaba a seguir una conversación en la que no tuviera todas las bazas controladas. Él se ganaba la vida jugando y en eso era el mejor. Esta situación, que en parte él había creado, le había colocado en una partida en la que no controlaba ni la mano ni a sus oponentes. No terminaba de creerse la historia que aquel joven de rubios cabellos y risueña mirada se obstinaba en contarle una y otra vez. Y además le fastidiaba que el chaval le hubiera tomado cariño, pero reconocía que en eso el otro le llevaba ventaja. Él no era especialmente cariñoso y, habiendo crecido completamente solo, no estaba acostumbrado a relacionarse con otras personas fuera del ámbito de una partida. No sabía dar afecto, porque tampoco lo había recibido. Pero, sin embargo, observaba en su rival un rasgo que no había visto en aquellos a los que estaba acostumbrado a tratar. Esa característica, nueva para él y que le provocaba desconfianza, era una cierta inocencia en la mirada y su eterna sonrisa. Experto en escudriñar fisonomías y en descubrir el engaño en la mirada de los otros, no veía en la dEl Buscador astucia o mala intención. Y eso le desorientaba, pues su tendencia natural era desconfiada. Pero no podía negar que tarde o temprano, tendría que vencer esa desconfianza y aceptar que El Buscador decía la verdad.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=-8627798338998550476&amp;page=RSS%3a+CAP%c3%8dTULO+VII&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=elenigmadedido.spaces.live.com&amp;amp;GT1=elenigmadedido"&gt;</description><comments>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!117.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!117.entry</guid><pubDate>Sun, 23 Apr 2006 21:28:16 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://elenigmadedido.spaces.live.com/blog/cns!8843E71F6A494034!117/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!117.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-08-05T21:09:51Z</dcterms:modified></item><item><title>CAPÍTULO VI</title><link>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!116.entry</link><description>&lt;div&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt;&lt;font color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Hacía dos días que caminaban por el paso de montaña, ganando altura, y la temperatura cada vez era más baja. No llevaban mucha ropa ni buen calzado con lo que protegerse del frío por lo que debían caminar sólo durante las horas centrales del día y buscar un refugio donde pasar el resto del tiempo. Por fortuna, El Jugador conocía el camino y sabía dónde hallar un abrigo o una oquedad en la que apiñarse los tres, y darse calor mutuamente, para soportar mejor los rigores de la noche. &lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;El Buscador no sabía hacia dónde se dirigían, pero tampoco le preocupaba. Sabía que aunque lo hubiera preguntado, El Jugador no compartiría con él la información. Si su instinto no le engañaba, el destino del niño y dEl Jugador coincidiría con el suyo. Y si no era así, los dejaría y seguiría su camino solo. &lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;La formación de la marcha era siempre igual: El Jugador delante, abriendo paso; luego El Chico y, por último, El Buscador. Prefería ir el último para poder observar al guía: su manera de caminar, la parquedad de gestos y palabras – casi gruñidos -; no se detenía ni un solo momento para comprobar si su pequeña compañía le seguía o no. Parecía estar seguro en todo momento, de que ninguno se quedaba atrás. De todas formas, el estado de su humor empeoraba de día en día. Se había encontrado a gusto con El Chico mientras estuvieron a solas, pero la aparición dEl Buscador y la simpatía que parecía sentir el pequeño por él, hicieron aparecer unos inesperados celos. Él, que siempre había sido un solitario y se había jactado de serlo, empezaba a apreciar la compañía de sus semejantes, y el, en un principio, instinto protector que le hizo salvar al chico, se transformó en un sentimiento especial que jamás antes había sentido: Afecto. Pero seguía siendo una persona dura y reacia a manifestar sus sentimientos y eso le provocaba mal humor. &lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;El Buscador intuía esto y le parecían divertidos los esfuerzos que el otro hacía por disimularlos. Habría que darle un poco de tiempo.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;La etapa del día había terminado y El Buscador estaba preparando unos lazos, era bastante buen cazador, y aunque no hubiera grandes animales que cazar – prácticamente no había animales -, no descartaba la posibilidad de atrapar algún pequeño animal. El Jugador le observaba en silencio, era escéptico en cuanto al éxito de la cacería, pero se abstuvo de hacer comentarios pues su estómago le reclamaba algo más que hierbas y pequeños frutos, que era lo único que hasta el momento habían conseguido encontrar en su camino. El Chico era más curioso y le estaba preguntado al Buscador quién le había enseñado a cazar. “Alguien que conocí hace mucho tiempo me enseñó, dijo, y me ha mantenido vivo hasta ahora. Si quieres, te puedo enseñar.” Y le dirigió una sonrisa que el niño correspondió. “¿Puedo acompañarte a poner las trampas?” El Buscador asintió y marcharon juntos. “Mira, no tenemos un cebo adecuado pero estos frutos podrían servir... Así.” Manipuló el lazo de manera que quedara disimulado entre los arbustos y, en el centro, colocó el cebo. “Cuando el animalito pase por aquí y pretenda llevarse el premio...¡zas! El lazo se cerrará alrededor de su cuello y lo asfixiará, ¡y nosotros tendremos cena!” “Es cruel.” “Lo sé, chico. Pero hay que sobrevivir y esta es la única manera.”&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Volvieron junto al Jugador y la pequeña hoguera que éste había encendido. “Por si hay suerte...”, dijo. Se apiñaron los tres en torno a ella para calentarse. Ambos hombres estaban muy cerca uno de otro y no pudieron evitar mirarse a la cara. El Buscador sonreía y El Jugador le miraba ceñudo, como siempre. Se mantuvieron así unos minutos, mirándose por encima de las llamas de la pequeña hoguera, hasta que el fino oído dEl Buscador le anunció que algo había quedado atrapado en la trampa. La noche casi había caído, pero su vista estaba acostumbrada a la negrura de la noche y no le costó mucho encontrarla. Con precaución se acercó y comprobó que un pequeño roedor, hambriento, no había podido resistir la tentación de comerse aquellos deliciosos frutos. Y ahora él mismo iba a servir de cena a tres hambrientos peregrinos. No era muy grande, pero sería un cambio en la estricta dieta vegetal que habían estado llevando. El Buscador, más experto, despellejó y asó al pequeño animal y, tanto El Jugador como el pequeño, vencieron su inicial repugnancia cuando olfatearon el aroma de la carne asada. Los tres comieron en silencio aquel “exquisito” bocado.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=-8627798338998550476&amp;page=RSS%3a+CAP%c3%8dTULO+VI&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=elenigmadedido.spaces.live.com&amp;amp;GT1=elenigmadedido"&gt;</description><comments>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!116.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!116.entry</guid><pubDate>Fri, 21 Apr 2006 06:45:30 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://elenigmadedido.spaces.live.com/blog/cns!8843E71F6A494034!116/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!116.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-08-05T21:09:15Z</dcterms:modified></item><item><title>CAPÍTULO V</title><link>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!115.entry</link><description>&lt;div&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt;&lt;font size=4&gt;&lt;strong&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;span style="font:7pt 'Times New Roman'"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/font&gt;&lt;font color="#000000"&gt;Un grito desgarró la noche, alertando a los dos hombres que se acechaban amparados en la&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;oscuridad nocturna. El Chico se despertó asustado aún por el sueño que acababa de tener. Ninguno de los dos se decidió a dejarse ver el primero, ninguno quería revelar al otro dónde se encontraba. Hasta que una figurita medio llorosa se dejó ver en la entrada del refugio. El Buscador se arriesgó, sería una buena baza para él ganarse la confianza del chiquillo. Corrió hacia él y arrodillándose frente a él, le dirigió una comprensiva y afectuosa mirada y le preguntó cuál era la causa de su desasosiego. Inmediatamente, el pequeño sintió confianza en aquel extraño que se preocupaba por su bienestar. El Jugador no había sido muy cariñoso en todo el tiempo que llevaban juntos, aunque sí se había preocupado de procurarle un lecho donde dormir y había compartido su comida con él.&lt;/font&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt;&lt;font size=4&gt;&lt;strong&gt;&lt;font color="#000000"&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;“Yo corría por una playa en la que la brisa y las olas se aliaban contra mí. Las olas se curvaban en grandes óvalos y rompían prácticamente a mis pies, como queriendo impedir continuar mi carrera. Yo corría hacia delante, mirándome los pies – me gustaba mirar mis pies, pisando la arena alternativamente uno tras del otro, obedientes y predecibles-. Nadie me perseguía... Pero no, me equivocaba. Un hombre joven miraba en la dirección en que yo corría, desde el otro lado de la playa. No podía distinguir su cara, pero sentía su mirada traspasándome. Podía sentir sus ojos penetrantes en mi nuca. Experimenté una creciente sensación de miedo, de terror. Su voz llegó hasta mí, grave, acariciadora. Y aunque no podía entender sus palabras, el tono de su voz me tranquilizó.&lt;/font&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Dejé de correr y me quedé mirando el acantilado que tenía ante mí. La voz me dijo que podía treparlo. No lo dudé. Me agarré a rocas y raíces y comencé a subir, arriba y más arriba... Posé una de mis manos en una roca que sobresalía del resto, pensando que era un buen agarre, y entonces caí. Metros y metros, girando sobre mí mismo, abajo y más abajo, en un pozo negro, más negro que la noche. ¡Frío, húmedo, pleno de carcajadas y murmullos truculentos! ¡Nooooo!....”&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;El Buscador jamás había visto una playa y no entendía qué era una ola, pero comprendió el miedo que sentía el niño, conocía los terrores nocturnos infundidos por miedos que, conscientemente, no hubiera admitido tener. Lo abrazó, en un gesto protector, al tiempo que se encaraba con El Jugador. No negó que los había estado siguiendo, pero sólo porque llevaban el mismo camino. ¿Hacia dónde?, inquirió El Jugador. Dirección Este, explicó, en peregrinación. Buscaba la solución a un&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;enigma y esa era la razón de su viaje. Los ancianos le habían enviado a buscar algo que tal vez ya no fuese posible encontrar. Había caminado muchos soles, se había escondido y&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;acechado en las afueras de la ciudad en ruinas y había sido testigo de su huída. Él sólo seguía a su instinto y por eso estaba allí. ¿Por qué estaban ellos? &lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;El Jugador fue reacio a exponer sus verdaderos motivos, pero El Chico intervino en la conversación diciendo que habían huido para salvar la vida y refirió el episodio de la partida de cartas. Y ahora estaban de camino a ninguna parte con ninguna meta en concreto que perseguir. ¿Por qué no viajaban juntos?, sería más seguro. Él se sentía más seguro con dos adultos que cuidasen, aunque relativamente, de él. Los dos hombres se evaluaron mutuamente. El aspecto desaliñado de uno y el inescrutable del otro, les hubiera dado el aspecto de pareja cómica en otras circunstancias. El Jugador aceptó que se quedara con ellos, pero le recalcó que mantuviera las distancias. No quería ningún trato amistoso con él y El Buscador comprendió que no confiara en él. Todavía.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=-8627798338998550476&amp;page=RSS%3a+CAP%c3%8dTULO+V&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=elenigmadedido.spaces.live.com&amp;amp;GT1=elenigmadedido"&gt;</description><comments>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!115.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!115.entry</guid><pubDate>Sun, 16 Apr 2006 15:33:15 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://elenigmadedido.spaces.live.com/blog/cns!8843E71F6A494034!115/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!115.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-08-05T21:08:40Z</dcterms:modified></item><item><title>CAPITULO IV</title><link>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!114.entry</link><description>&lt;div&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt;&lt;font size=4&gt;&lt;strong&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;span&gt;&lt;span style="font:7pt 'Times New Roman'"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/font&gt;&lt;font color="#000000"&gt;Le sacaban casi un día de ventaja, pero una persona sola camina más deprisa que dos, sobre todo cuando una de ellas es tan sólo un niño. Supuso que en un día o poco más, les daría alcance y cuando los tuviese a la vista decidiría si dejarse ver o no. Era más ventajoso seguirlos de lejos - pero a la vista – que hacerse notorio enseguida y eso le proporcionaría información sobre las intenciones de aquellos dos personajes. Su forma de viajar delataría si se creían perseguidos o no. Ciertamente, no dejaban mucho rastro. Si llevaban comida, no encontró desperdicios ni restos de fogatas – lo que dijo mucho a su favor -. Eso le hizo recordar que sus propias provisiones se estaban terminando. Pronto tendría que preocuparse de sí mismo o no llevaría a término su misión. &lt;/font&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Cuando los tuvo a la vista, El Jugador y el chiquillo caminaban por un estrecho sendero, peligroso y empinado, que ascendía por la ladera de la montaña hacia un collado que poco a poco se hacía visible. El Chico estaba cansado, pero era duro, y sus cortas piernas y sus pies apenas calzados seguían moviéndose maquinalmente tras los pasos de aquel hombre que, por extraños motivos que desconocía, le había salvado la vida. Al menos de momento. Le fascinaba el movimiento de aquel pedazo de metal alrededor de los ágiles dedos de la mano de El Jugador – éste le había dicho que se llamaba moneda – e incluso le había dejado verla de cerca, tenía unas figuras grabadas en ambos lados, pero aparte de esto no habían conversado sobre nada más. Sólo habían caminado, comido frugalmente y descansado. Cuando El Jugador se detenía, él se detenía también; si El Jugador se ponía en marcha, él caminaba sin rechistar. El Jugador sólo le preguntó si tenía a alguien y como su respuesta fuese negativa, le contó que iba a marcharse de la ciudad y que si quería podía acompañarle. Ni siquiera le preguntó cuál era su nombre y tampoco le dijo el suyo. Pero el chiquillo le conocía. Su fama se había extendido por toda la ciudad en ruinas. Todo el mundo sabía que pocas veces perdía una partida. Pero pasaba por ser ambicioso y egoísta pues nunca dio una dádiva a nadie que lo necesitara. Y había ganado muchas partidas y muchos botines. Las alternativas no eran halagüeñas por lo que no lo pensó demasiado, se iría con El Jugador.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Perseguidor y perseguidos eran conscientes de que a medida que ascendían hacia el collado la climatología empeoraba. Si en el llano el sol era abrasador, aquí apenas alcanzaba para templar en las horas del mediodía. El frío era intenso y ninguno de ellos llevaba ropas adecuadas para caminar por entre montañas nevadas. El Jugador conocía aquellos parajes y sabía que en el collado había un refugio. Miró de soslayo al chiquillo, como para medir las fuerzas que le quedaban y confió en que llegarían&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;antes de que se pusiera el sol.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;El Buscador apretó el paso. En algún momento tenía que acercarse más e incluso llegar a tomar contacto, si como él pensaba, aquellas dos personas eran importantes para su búsqueda. El encuentro podría tomar un cariz casual, viajeros que coinciden en el camino, y poco a poco ir desvelando sus intenciones y conocer las de los otros. Llevaba ya un buen rato ascendiendo por el camino y había perdido de vista a los que iban por delante. No dudaba que le hubieran visto ya y que, si eran cautos, habrían tomado precauciones para defenderse de aquel que les seguía. Bien podrían pensar que estaban siendo perseguidos por aquellos a quienes habían burlado; o bien, que era fruto de la casualidad. Pero hoy en día, El Buscador sabía que pocas gentes se aventuran en los caminos y que sólo los desarraigados como él vagaban de pueblo en pueblo. Y no solían ser gente de mucho fiar.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Los últimos rayos de sol desparramaban su mortecina luz sobre los picos nevados, cuando El Jugador y su acompañante llegaron por fin al collado. Aunque hacía tiempo que no había estado allí, no le costó mucho trabajo localizar el refugio y suspiró aliviado al comprobar que estaba vacío. No había con qué hacer un fuego pero sí encontró viejas mantas con las que improvisar un lecho para el pequeño. Cuando lo hubo instalado, le recomendó con un gesto que no hiciera ningún ruido. Él saldría a vigilar. El Chico asintió con la cabeza, él también había visto al otro viajero en el camino, y comprendió que su salvador no quería arriesgarse a un encuentro en desventaja. Por algo era El Jugador. Éste salió a la noche y se parapetó tras un conglomerado de rocas y arbustos. Y esperó pacientemente, como era su costumbre, a que el misterioso viajero apareciera por el camino que llevaba hasta el collado.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=-8627798338998550476&amp;page=RSS%3a+CAPITULO+IV&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=elenigmadedido.spaces.live.com&amp;amp;GT1=elenigmadedido"&gt;</description><comments>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!114.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!114.entry</guid><pubDate>Wed, 12 Apr 2006 19:35:22 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://elenigmadedido.spaces.live.com/blog/cns!8843E71F6A494034!114/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!114.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-08-05T21:07:33Z</dcterms:modified></item><item><title>CAPÍTULO III</title><link>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!113.entry</link><description>&lt;div&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Un nuevo día amanecía en la llanura y no traía ninguna promesa esperanzadora para los desheredados habitantes de aquel reseco mundo. El Buscador, fiel a su instinto, había permanecido escondido hasta las horas previas al alba. En esas horas en las que la luz del sol no se ha adueñado aún de la atmósfera, se acercó sigilosamente al suburbio en ruinas. No se percibía ningún tipo de actividad humana o animal. Permaneció a la expectativa pues aquel lugar no le parecía el apropiado para encontrar al Oráculo. Sin embargo, ¿qué sitio podría ser el apropiado hoy en día, bajo esas circunstancias extremas? Por supuesto, no había esperado encontrarlo instalado en un monumental templo, sobre un trono o un altar a la manera de los dioses antiguos. Pero la desolación que observaba, creía él, era señal de que allí tampoco habitaba la esperanza, la redención. Los ancianos le habían dicho que los caminos por los que transita el destino son inesperados y a veces extraños y que no debía dar nada por supuesto. Todo podía sorprenderle y confundirle. Incluso el Oráculo en sí, podría no ser más que un pequeño niño o una anciana desdentada. &lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Buscó un buen lugar para atrincherarse y esperar. No tenía prisa. Desde allí controlaba una buena parte del terreno. Cualquier ser que se moviera, él lo vería. Cuando la luz del día se instaló definitivamente, él ya estaba camuflado y preparado para pasar unas cuantas horas de inmovilidad. Quería formarse una idea de lo que podría encontrar en aquella ciudad en ruinas antes de aventurarse por ella. Observó cómo poco a poco algunas gentes harapientas y demacradas por el hambre y las privaciones, salían a rebuscar entre el polvo alguna raíz que llevarse a la boca. Cuando hallaban tan preciado tesoro, el miedo a que otro se lo quitase hacía que se comieran la raíz recién extraída del suelo completamente cruda. El Buscador no se inmutó cuando un grupo de aquellas personas atacó a uno de los recolectores de raíces. Estaba seguro de que también comerían insectos crudos, si es que aún quedaba alguno por allí. Desechó cualquier sentimiento tanto de asco como de compasión y dirigió su mirada un poco más allá. Dos figuras se alejaban de la ciudad en ruinas y eso le llamó la atención. El Buscador, amante de la soledad, siempre procuraba acercarse a núcleos de población pequeños, abarcables, y se consideraba raro por ello. Creía que el resto de la gente, sumida en la desesperación, tendía a reunirse en grandes aglomeraciones para así sobrellevar mejor la desgracia y la miseria. Se despertó su interés por aquellas figuras que parecían huir del cobijo de las ruinas para adentrarse en un territorio hostil y desolado. &lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Las horas del día pasaban lentamente en aquel escondrijo y de la mente de El Buscador no se apartaba la imagen de aquellos dos seres que se esfumaban en la llanura cual espejismos en el desierto. Creyó que era una señal y eso le decidió a seguir su camino y no penetrar en la devastada ciudad. Esperaría de nuevo a las primeras luces del alba para seguirles el rastro. No temía que sus huellas hubieran desaparecido en el polvo pues, precisamente, ese polvo las conservaría para él. Consideró prudente no moverse durante la noche y horas después ciertos movimientos de gentes le confirmaron lo acertado de su decisión. Durante toda la noche escuchó gritos y aullidos desgarradores como telón de fondo de las rapiñas de los merodeadores. &lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Al alba partió como había llegado, silenciosamente.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;font size=4&gt;&lt;font color="#000000"&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt;Caminaba a buen paso y hacia el mediodía había llegado a las estribaciones de una cadena montañosa. Las huellas de los que él consideraba fugitivos eran bastante claras para alguien habituado a buscarlas donde otros no quisieran que fueran demasiado evidentes. Efectivamente, habían intentado borrar sus huellas lo que corroboraba sus impresiones sobre los motivos por los cuales habían dejado la ciudad. Pero no entendía por qué lo habían hecho a plena luz del día. Tal vez, en aquel caso concreto, la prisa se impusiera a la prudencia. Tampoco le interesaban mucho los motivos pero sí aquellas dos personas en sí mismas. Algo le decía que le serían útiles en su búsqueda.&lt;/font&gt;&lt;br style="page-break-before:always" clear=all&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=-8627798338998550476&amp;page=RSS%3a+CAP%c3%8dTULO+III&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=elenigmadedido.spaces.live.com&amp;amp;GT1=elenigmadedido"&gt;</description><comments>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!113.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!113.entry</guid><pubDate>Sun, 09 Apr 2006 09:51:16 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://elenigmadedido.spaces.live.com/blog/cns!8843E71F6A494034!113/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!113.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-08-05T21:08:02Z</dcterms:modified></item><item><title>CAPITULO II</title><link>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!112.entry</link><description>&lt;div&gt;&lt;strong&gt;
&lt;p align=left&gt;&lt;span&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;span style="font:7pt 'Times New Roman'"&gt;      &lt;/span&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;El Jugador siempre llevaba un objeto brillante en su mano izquierda. &lt;br&gt;Era un pedazo de metal aplastado y de forma circular. Le gustaba hacerlo girar al tiempo que lo lanzaba al aire y se entretenía durante horas enteras moviéndolo entre sus dedos. El Jugador se codeaba con gente que se aprovechaba de la miseria o la mala suerte de los demás. Vivía peligrosamente porque no les temía y no los respetaba. Para él sólo eran individuos a los que robar, con más o menos estilo, lo que ellos conseguían por medio de la extorsión y el asesinato. Eran tiempos duros y no había hueco en él para la compasión. Se trataba simplemente de sobrevivir en un mundo hostil. El clima era hostil, la gente era hostil – algunos por autoprotección -, y se habían olvidado las reglas de la hospitalidad, la amistad o simplemente, las de la buena educación. Eso le hacía sonreír. A su manera, era un filósofo. Pero no tenía ni la más remota idea de dónde le venían esas reflexiones. Suponía que las largas horas observando a sus contrincantes, le habían agudizado el entendimiento. Porque la observación era su arma más poderosa. El conocimiento que había ido adquiriendo de la naturaleza humana de las gentes con las que se veía obligado a convivir, le había dotado de ese instinto especial que te avisa en situaciones de peligro. Pero no confiaba en nadie, ni siquiera en aquellos de los cuales su instinto le decía que podían ser buenas personas.&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;Le iba la vida en ello.&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;El Jugador estaba inmerso en una partida. Pero no era una partida corriente. El premio era la vida de una víctima propiciatoria. Las rapiñas de la noche anterior se habían saldado sin botín. Y como no había nada que llevarse a la boca – los animales domésticos, perros, gatos e incluso roedores habían desaparecido hacía tiempo – el chiquillo que ahora se revolvía en un rincón, era el ansiado pedazo de carne que serviría para el festín de la noche. No tendría más de seis años, pero había nacido en un mundo cruel y no se resignaba a dejarse matar. Daba puntapiés y escupía a todo aquel que osaba acercarse. El Jugador no lo había mirado ni una sola vez, su intención era, por principio, ganar la partida fuera el que fuese el premio. Pero había más participantes y todos ellos deseaban ser los ganadores. No es que al Jugador le asaltasen sentimientos humanitarios, podía ser tanto o más duro que aquellos a los que se enfrentaba. Simplemente, le repugnaba el olor de la carne humana asada. No creía hacerle favor alguno al chico si él ganaba, lo más probable es que cayera prisionero en cualquier otra incursión, pero al menos tendría otra oportunidad de sobrevivir, aunque por tiempo incierto.&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;Prestó toda su atención al juego, una discusión estaba a punto de estallar al confirmarse las sospechas de que uno de los jugadores estaba haciendo trampas. Los demás se le echaron encima: no eran amantes del juego limpio pero no podían consentir las trampas cuando el que las hacía era otro. Esta paradoja se explica bien desde la premisa de que el fin es la supervivencia y la preeminencia sobre los demás. El Jugador se mantuvo al margen de la discusión y esperó pacientemente a que, una vez expulsado el tramposo, se reanudase la partida de nuevo. Las probabilidades habían aumentado para todos. Sólo el más listo o el más sutil - todos hacían trampas – podría degustar esa noche un rico y tierno bocado. El Jugador, gesto adusto, mirada impasible, y cuyo rostro inescrutable se concentraba en las cartas, miraba de reojo a sus adversarios. Alguno estaba nervioso, impaciente por la promesa de la victoria; otros manoseaban sus cartas sin cesar, como si eso las convirtiera en&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;mejores; y otro, algo más tranquilo aunque solo en apariencia, tamborileaba con sus dedos sobre la mesa con ritmo monótono. Si esto ponía nervioso al Jugador, éste no lo demostraba. Era capaz de aislarse de los ruidos externos y fijar su atención en lo esencial. Ahí radicaba gran parte de su éxito. &lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;Otro de los jugadores perdió sus opciones, pero no se levantó de la mesa voluntariamente y fue echado a patadas por los espectadores apiñados alrededor de la mesa. Nuevamente, hubo que esperar a que el tumulto se apaciguase para continuar. Sólo quedaban cuatro jugadores. La situación se ponía tensa, los mirones guardaron silencio mientras el que tamborileaba con sus dedos sobre la mesa no aguantaba mas los nervios. Sacó un cuchillo de su manga y se abalanzó sobre el individuo que se sentaba a su izquierda. Los dos rodaron por el suelo entre gritos y patadas, hasta que uno de los dos quedó tendido en el suelo, herido de muerte por una puñalada en el corazón. Durante la refriega, el propio asaltante había resultado muerto. Solucionado el problema, la partida podía continuar. El Jugador, enfrentado ahora a los que consideraba menos hábiles, no por ello bajó la guardia ni se confió. La partida no estaría ganada hasta que la última carta estuviera boca arriba sobre la mesa. &lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;Llegado el momento de la verdad, los últimos tres supervivientes de la azarosa partida de aquella noche, pusieron sus cartas sobre la mesa. No habría duda posible. Lo que aquellos naipes mostrasen sería el desenlace definitivo, el resultado que debería ser aceptado y respetado por todos y que le daría al ganador la satisfacción de marcharse con su premio y hacer con él lo que todos esperaban: convidar a toda aquella turba de maleantes a la mejor cena que habrían tenido en toda su malhadada existencia. &lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;El murmullo que recorrió la mesa no fue de sorpresa ni de asombro, sino de hastío y fatalidad. El Jugador había vuelto a ganar y así, se esfumaban las visiones culinarias que todos ellos habían mantenido durante unas horas. Porque todos sabían que El Jugador no se comería al chiquillo. No podían permitir que se saliera con la suya habiendo tanta gente hambrienta, así que por una vez rompieron su única regla: no violar el veredicto de ganador. No estaba premeditado de antemano pero, como un único ente, todos reaccionaron al mismo tiempo convirtiéndose en brazo ejecutor. El Jugador, que había aprovechado esos valiosos segundos, se alejaba ya con un fardo sobre el hombro. Ni se había tomado la molestia de desatar al chico, no había tiempo. Había intuido lo que se avecinaba y se aprestó a correr. &lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;Afortunadamente, a veces, la desgracia se alía con los desheredados proporcionándoles una salvación que ya no creían que existiera para ellos. Oculta en aquellas ruinas, existía toda una red de refugios y pasadizos que llevarían al Jugador y a su ganancia muy lejos de las garras hambrientas de la chusma encolerizada, y tanto más frustrada al ver que su cena se escurría y desaparecía para siempre.&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:12pt;font-family:'Times New Roman'"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=-8627798338998550476&amp;page=RSS%3a+CAPITULO+II&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=elenigmadedido.spaces.live.com&amp;amp;GT1=elenigmadedido"&gt;</description><comments>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!112.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!112.entry</guid><pubDate>Sun, 09 Apr 2006 09:43:49 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://elenigmadedido.spaces.live.com/blog/cns!8843E71F6A494034!112/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!112.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-08-05T21:05:55Z</dcterms:modified></item><item><title>CAPÍTULO I</title><link>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!111.entry</link><description>&lt;p align=left&gt;&lt;span&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt;&lt;span style="font:7pt 'Times New Roman'"&gt;  &lt;strong&gt;&lt;font color="#000000" size=3&gt; &lt;/font&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Debes visitar al oráculo, le dijeron. Y él emprendió su viaje en busca del oráculo. Debes hacerle la pregunta, le indicaron. Y él comprendió que la pregunta era el motivo de su viaje. Tenía pocos años pero los suficientes para comprender que algo no estaba bien. El mundo que él conocía, no estaba bien. Los ancianos, los más ancianos, contaban viejas historias acerca de una vida diferente llena de color, de sonidos –algo que llamaron música-, de máquinas de todo tipo que hacían la existencia más llevadera. Pero pocos de ellos recordaban en realidad. Se transmitían unos a otros los recuerdos de una generación pasada, ya extinta. Ahora el mundo sólo era polvo y sol abrasador. No quedaban bosques, ríos caudalosos o lagos en los que refrescarse y descansar de las labores diarias.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p align=left&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Él comenzó su viaje en busca de un oráculo que, por lo que dedujo, muy bien podía no existir. Nadie le aseguró que aún hubiera un oráculo al que consultar. Pero la esperanza de encontrar alguien a quién hacerle la gran pregunta le motivó. Y después de todo, ¿qué otra cosa tenía que hacer? Su vida transcurría en los caminos polvorientos, de pueblo en pueblo, intercambiando trabajo por comida y cobijo en las noches frías o tormentosas. Porque a él, le gustaba dormir al raso. No temía a las alimañas más que a las fieras humanas y de todas formas, no quedaban tampoco alimañas que pudieran dañarle mientras dormía. De las personas, de aquellas que pudieran perjudicarle, se había guardado bastante bien hasta ahora. &lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p align=left&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;La pregunta le preocupaba. Los ancianos le dijeron que surgiría por sí misma. Cuando llegues ante el oráculo, la pregunta estará allí, en tu mente, le aseguraron. Tú sabrás encontrar el camino y la pregunta se abrirá paso en tu cabeza, le adoctrinaron. Ten fe. Tú nos salvarás a todos. &lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p align=left&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Desconfiaba de los ancianos. Pero no tenía nada más, ningún otro motivo que le moviera más allá del siguiente pueblo. La búsqueda, incierta, le atraía como si él fuera el polo opuesto del imán. &lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p align=left&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Nadie salió a despedirle o a desearle buena suerte en la búsqueda. Aunque fuese denominado como su salvador, pensaban que no tenía ninguna oportunidad. No creían en el éxito de la empresa. No le importó. Se fue con las manos metidas en los bolsillos del pantalón. Nada había tenido antes y nada tenía ahora. Sin equipaje, sin lastres, sin recuerdos. Él mismo era toda su posesión: sus pies descalzos, su pelo rubio y desgreñado, su piel curtida por los elementos. A pesar de su juventud, tenía la mirada de quien ha visto muchos ocasos y muchos amaneceres, la mirada de quien sin importarle lo que dejaba atrás, observaba y&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;no juzgaba, creando así su propio pensamiento sin dejarse influir o manipular por las opiniones de terceros.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p align=left&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Se tomaría esta misión como se tomaba su vida diaria: un transcurrir, sin prisa, sin fecha fija. Con una meta – el oráculo – pero sin prisa.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p align=left&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p align=left&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;El árido valle bajaba hacia una llanura tan desértica como todo lo que llevaba recorrido hasta ahora. Después de haber atravesado una meseta tan calcinada como los huesos blanquecinos que encontraba por doquier, se dirigía a un pueblo que se divisaba a lo lejos. Un buen sitio como cualquier otro para procurarse alimento. Siempre había cosas que hacer a cambio de un plato de lo que fuese, siempre que fuera comestible. No era especialmente remilgado, vivir a la intemperie te cura de muchas cursilerías, pero lo único que no soportaba eran los insectos. Salteados, fritos, hervidos, daba igual. Era cuestión de principios no comer insectos. Establecida esa premisa, cualquier otro alimento era bienvenido y bien aprovechado.&lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p align=left&gt;&lt;font face="Times New Roman" color="#000000" size=4&gt;&lt;strong&gt;Cuanto más se acercaba se daba cuenta de que lo que parecía ser un pequeño pueblo – como tantos otros en los que había estado – en realidad se trataba de algo más grande. Un pequeño suburbio de lo que en otro tiempo debió ser una gran ciudad. Ya no quedaban grandes edificios en pie, pero el esqueleto de vigas y muros de hormigón aún permanecía visible. No le causó buena impresión y maldijo su suerte. En un sitio así hay poco trabajo y aún menos comida. Pero no había ningún otro sitio al que ir. Tomó precauciones para no ser visto, prefería ser desconfiado con la gente. Pasaría la noche en el campo y entraría en la ciudad por la mañana. &lt;/strong&gt;&lt;/font&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=-8627798338998550476&amp;page=RSS%3a+CAP%c3%8dTULO+I&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=elenigmadedido.spaces.live.com&amp;amp;GT1=elenigmadedido"&gt;</description><comments>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!111.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!111.entry</guid><pubDate>Sun, 09 Apr 2006 09:36:48 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://elenigmadedido.spaces.live.com/blog/cns!8843E71F6A494034!111/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://elenigmadedido.spaces.live.com/Blog/cns!8843E71F6A494034!111.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-08-05T21:04:11Z</dcterms:modified></item></channel></rss>