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Brujita

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El Enigma de Dido

N'il aon teintean mar do theintean fein
May 16

CUENTOS DE BRUJITA: DESCARADA Y EL SOLSTICIO DE VERANO XVI

Brujita ya no podía volver a casa de la Bruja Lola. Sería el primer sitio donde Altherius la buscaría. Pasó un día entero, ajena a lo que en otro lugar del Bosque del Norte sucedía, buscando un buen escondite desde donde poder observar las idas y venidas del mago. No perdería la oportunidad de volver a penetrar en su guarida e intentar liberar a sus colegas. Pero había que pensar con calma para forjar un buen plan. Suerte que tenía a su Búho a su lado, él sería un buen ayudante que la ayudaría a llevar a cabo su plan, cualquiera que este fuese.

El Tiempo parecía no transcurrir. No había día o noche. Sólo una luz mortecina, entre gris y verde, iluminaba los senderos del Bosque del Norte. Brujita lo achacó al hechizo del malvado Altherius. Estaba muy enfadada, ella amaba al bosque y sus criaturas por encima de todo, pero intentaba serenarse, porque eso no la ayudaría a pensar y trazar un plan.

Creía firmemente que la destrucción del Gran Acumulador conllevaría el fin del hechizo. Pero no sabía cómo hacerlo, ni cómo impedir que las mentes o los cuerpos de sus colegas, se vieran afectados por ello. No creía posible, pues ya lo había intentado, convencer al mago Altherius para que lo apagase por propia voluntad, así que la alternativa era hacerlo por la fuerza. Y si se apagaba bruscamente, tal vez produjera daños irreparables en las mentes de sus amigos. Pero todo eran suposiciones. No conocía el funcionamiento ni la naturaleza de la máquina inventada por Altherius. Así como también desconocía la secuencia de los planes del malvado.

En qué punto de extracción de mentes se encontraría ahora? Les robaba la energía, o servían ellos como pequeños acumuladores a su vez que, en caso de necesidad, enviaban su energía a la máquina y esta la canalizaba, transformándola al antojo de Altherius? Estas y otras muchas preguntas se hacía mientras inspeccionaba los alrededores de un pequeño refugio que se había fabricado entre unas rocas y no demasiado lejos de la guarida de Altherius.

 

 

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March 16

CUENTOS DE BRUJITA: DESCARADA Y EL SOLSTICIO DE VERANO XV

Después de mucho tiempo, vuelvo a retomar este cuento, ya es hora de ir terminándolo..Guiño

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La pequeña Brugilda volaba veloz en su pequeña escoba. Llegaba tarde a los festejos del Solsticio, todo por culpa de un estúpido castigo que las viejas brujas de la Escuela le habían impuesto a causa de un pequeño “incidente” sin importancia. Ya chocheaban, se decía Brugilda, con una sonrisa pícara.

Cuando llegó al claro del bosque dónde se había celebrado el concurso, y se apeó de su escoba voladora, se llevó las manos a la cabeza mientras hacía un puchero. El aspecto del claro dejaba bien patente que los festejos habían terminado y  que los asistentes se habían marchado. No reparó en el desorden, en la quietud y en el silencio que reinaban.

- Lo sabía, lo sabía! Todo ha terminado y yo me lo he perdido, buaaah! Y todo por culpa de esos viejos y tontos sapos de la Escuela!

- Por qué lloras, niña?

La voz profunda la sobresaltó. Brugilda se volvió buscando su origen. Junto a un grueso tronco, una figura no demasiado alta ni demasiado gruesa, vestida con ropajes de gala, la miraba fijamente.

- Dime, por qué lloras? Qué te aflige?, volvió a preguntar.

Brugilda, que estaba fastidiada por haber sido sorprendida en actitud infantil, puso cara de vinagre y se dispuso a hacer una demostración de su mal carácter.

- Quién eres tú? Y a ti, qué te importa?, preguntó ella.

Mientras esto decía, se plantó delante de Altherius, pues no era otro el personaje, con los brazos en jarras y actitud desafiante.

Esto divirtió más que enfureció al mago, pues al verla tan pequeña y vulnerable, creyó que sería fácilmente manejable.

- Yo sólo pretendo ayudarte, comenzó diciendo Altherius con gran paciencia. – He visto que alguna pena te aflige y tal vez yo pueda consolarte. No pretendo hacerte daño. Pero si no quieres mi ayuda, me iré por donde he venido.

Y despareció tras el grueso tronco.

- Espera!, gritó Brugilda.

Pero el mago no regresó. Brugilda corrió hacia el lugar donde el mago había desaparecido, pero éste no había dejado rastro. Confundida y contrariada, muchas cosas estaban saliendo mal al mismo tiempo, regresó al claro del bosque. Se dijo que no tenía que haber sido tan grosera. Cuándo aprendería a ser menos impetuosa? A observar y pensar antes de actuar, como le decían los viejos sapos de la Escuela? Y cómo le fastidiaba que tuvieran razón!

Más calmada, paseó su mirada por el claro. Había algo que no le cuadraba. Por naturaleza, las brujas y los magos de los bosques eran gente que cuidaba mucho su entorno. Ella lo sabía bien, pues sus primeros años habían transcurrido en un bosque muy parecido a éste. Lo que le llamó la atención, y que al llegar le pasó desapercibido, fue que el tiempo parecía haberse detenido. Muchos objetos yacían esparcidos por el suelo, o abandonados sobre las mesas y bancos. Es como si todo el mundo hubiera salido corriendo, dejando tras de si los restos del festejo, sin preocuparse lo más mínimo de limpiar y dar las gracias al amigo bosque por permitirles celebrar allí la fiesta del Solsticio. Esa actitud no era propia de sus congéneres. Allí había sucedido algo, y si su deducción era correcta, ella se había librado de ello gracias a su mala conducta y el castigo impuesto por los viejos sapos de la Escuela. Mentalmente se corrigió y dedicó un pensamiento cariñoso a sus queridas maestras.

 

 

*SIEMPRE UNO

December 02

EN CANARIAS SE HA PUESTO EL SOL

   Hay libros que, al leerlos, dejan tan buen sabor de boca que cuesta comenzar un nuevo libro. Porque nos ha llenado tanto la historia que contaban, que ya no creemos capaz de igualarlo con el siguiente.
 
   Es lo que me ha sucedido a mi al terminar "En Canarias se ha puesto el sol", escrito por Jordi Sierra i Fabra y que ganó el Premio Ateneo en el año 1979. Pertenece, en mi caso, a esa categoría de libros olvidados en una estantería, con una buena encuadernación, y destinados, en muchos casos, a no ser leídos nunca pero que yo me he propuesto leer. Son tan bonitos por fuera, que diríanse hechos para adornar la estancia y no para llenar la imaginación.
 
   Este libro me ha sorprendido por su trama, bien urdida, por su tempo, trepidante, y porque en su conjunto, no encuentro notas discordantes, cabos sueltos. Situado en el futuro, para la fecha en que se escribió, describe una época de nuestro pasado que bien podría haberse ajustado a la realidad. Es la España políticamente convulsa, recién salida de la dictadura y amenazada en su unidad por elementos separatistas y/o terroristas.
 
   Las Islas Canarias, a modo de Flandes, es la piedra de toque sobre la que giran los esfuerzos de unos y otros. De los unos por quererla independiente, y de los otros, por no dejar que se rompa la unidad del país. A partir de ahí, se desenvuelve la acción, donde se mezcla el terrorismo internacional, intereses políticos extranjeros, la CIA y hasta un secuestro de material nuclear con el que los separatistas amenazan a la ciudad de Barcelona, si no se cumplen sus exigencias.
 
   Cualquiera que leyera este libro diría que bien podría haber estado escrito por un best seller norteamericano y sorprende que a nadie se le haya ocurrido escribir un guión sobre él. No desmerece ni mucho menos por el hecho de estar escrito por quién lo escribió. Me parece un libro muy bien escrito y estructurado, que mantiene en vilo al lector hasta el final. La historia que cuenta muy bien podría haber pasado, porque algunos de los factores en que se apoya, existieron de verdad.
 
Pero la Historia siguió otro curso.

November 14

LA SAGA DE RIGLOS V

 

 

  V      

 

Un rayo de luz crepuscular

Asoma detrás de Peña Ruaba

Tiñendo de rojo pastel

Las paredes del Firé.

 

Asoman las aristas, miedosas,

Protegidas tras el mallo Pisón.

Se oscurecen las grietas

Y la noche avanza.

Las luces de Murillo,

Cual estrellas terrestres,

Delatan vida junto al meandro.

 

El Gállego, encañonado,

Se despereza al fin

Entre Riglos y Murillo,

Vomitando osados turistas,

Entre olas y rocas,

Por la fuerte corriente.

 

Río arriba, La Peña,

El pantano.  Y la presa,

Escupe nubes de vapor,

Agua encorsetada,

Por un único caño,

Que alimenta el río,

Que anima la vida

Del Antiguo Reino.

 

 

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October 28

LA SAGA DE RIGLOS IV

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IV

 

Orgullosas se yerguen las peñas

Muralla natural del antiguo reino.

Castillos y ermitas, antaño refugio

De peregrinos, custodian aún

Caminos y remotos parajes.

Viejas piedras, que testimonian

Hazañas de otros tiempos,

La misión y la entereza de

Aquellos que tuvieron como

Objetivo defender fe y raza.

 

El hombre les puso nombre...

Mas ellas, indiferente, lucen bajo

El sol de todas las tardes,

Enrojeciéndose, encendiéndose

Cuales llamas de una gigantesca

Y siempre viva hoguera...

Majestuosas siempre, esperando,

Custodiando el prístino paso,

Advirtiendo al audaz.

“Estás en suelo sagrado.

¡Este es el Antiguo Reino

De los Mallos!”

 

 

Dido